“En Santa Fe y Córdoba, las policías participan de igual manera en el delito”

Fue durante dos años Secretario de Seguridad de Hermes Binner. Conoce a fondo el fenómeno de la violencia que golpea a Rosario, y afirma la narcocriminalidad debe ser enfocada como una economía con las lógicas del capitalismo. Hoy estará en Córdoba, en el Foro Universidad de los Nadies.

Por Waldo Cebrero
(El Argentino, edición Córdoba)

Hasta hace poco más de un mes, en Rosario se decía que el ejemplo a seguir en materia de seguridad era Córdoba, una provincia que “lucha” contra la trata de personas y el narcotráfico con su propia estructura judicial y policial. El enfoque cambió. Desde que estalló el “narcoescándalo”, en Córdoba hay quienes dicen –no sin tirarse de los pelos– que “nos parecemos a Rosario”.

Ni una cosa ni la otra. Ambos fenómenos son complejos, con sus particularidades y -sobre todo- una similitud: “Policías degradadas, que participan y regulan los negocios del delito”, dice Enrique Font, reconocido criminólogo santafesino que hoy visita Córdoba. “Por suerte –afirma– el narcoescándalo vino a poner las cosas en su lugar; ya nadie se atreve a promocionar el modelo cordobés de seguridad”. Font participará de un panel del III Foro Universidad de Los Nadies; antes accedió a hablar con El Argentino.

¿Son equiparables las políticas de seguridad de las dos provincias?
No importa el partido que gobierne, lo que pasó en Santa Fe y en Córdoba marca los límites de la gestión política. En lugar de encarar una reforma de la Policía, consagraron su autonomía. Eso pasó en las dos provincias. Más allá de los estilos retóricos (Antonio Bonfatti habla de seguridad democrática y De la Sota de populismo punitivo), ambas policías son excluyentes. En la práctica son los mismos. Uno por falta de valores, el otro por falta de convicción, no encararon la reforma. Pero los dos sabían que tenían policías que regulan distintos negocios de delitos.

¿Hay similitudes en los contextos sociales, con respecto al narcotráfico?
El escenario no es igual. En Rosario creció el índice de homicidios dolosos. Eso no pasó en Córdoba. Pero hay una interpretación incompleta del fenómeno de la violencia en Rosario, que le adjudica todo a la narcocriminalidad. Sin embargo no es así. La violencia tiene que ver más con mecánicas de construcción de identidad de jóvenes, que son víctimas de una exclusión intensa y particular. Así, la participación del delito aparece como una forma atractiva para referenciarse. En ese contexto se dan lo que nosotros llamamos “homicidios horizontales”, que suceden en los barrios, entre pares, jóvenes que se conocen. Por otro lado, la policía ha perdido capacidad de regular el delito. Participan, pero ya no lo logran gestionarlo de una manera que lo vuelva tolerable políticamente. Aunque eso también pasa en Córdoba.

¿Cuáles son las particularidades del fenómeno del narcotráfico en Rosario?
Hay varias. El incremento de cocinas de pasta base. Como en cualquier negocio, si le agregás un proceso más a la producción, incorporás valor agregado y redunda en más dinero, que penetra en el barrio, en las instituciones, en la policía. También se produjo la territorialización de la venta: del dealer que se movía por la ciudad, pasamos a muchos puntos de venta esparcidos. Cambió también la cultura en el consumo. Todo eso se da en un contexto económico de auge, como nunca antes.

Pero hay otros factores que no son exclusivos solo de Rosario…
Claro. Por ejemplo, la tolerancia de la Policía cordobesa a los delitos no es distinta a la de Rosario. Ambas participan de igual manera en lo ilegal. Se podría decir que la de Córdoba es más prolija. No está tan fragmentada como en Rosario. En ese sentido, la de Santa Fe se parece más a la Bonaerense, con sus divisiones e internas, y la de Córdoba, a la Federal. Pero las dos son iguales de corruptas. No hay negocio ilegal importante que no cuente con la participación de la Policía en Córdoba: trata de personas, robo de autos, desarmaderos, narcotráfico…

Hay dos conceptos que usás siempre, y que aclaran mucho lo que pasa en los barrios de Córdoba. Uno es “sobre-criminalización” y el otro “infra-protección”. ¿Podés contar qué son?
Si algo caracteriza al sistema de seguridad actual son esos dos conceptos: la sobre-criminalización, resultante de la selectividad del sistema penal; y la infra-protección, resultante de la distribución diferencial de las reacciones institucionales y sociales. Eso se ve en los barrios de Córdoba, y lo produce la Policía. Las principales víctimas de la sobre-criminalización son los varones jóvenes. Es una forma de materialización de la exclusión, y son perseguidos o por la gorra, o por la cara, o por el barrio, etcétera. En los territorios criminalizados se instalan los negocios delictivos manejados por lo policía. Y a su vez, en esos barrios populares viven las personas que deben hacer la peor parte del negocio ilegal, son los trabajadores más precarizados y vulnerados; los que roban, los que venden pequeñas cantidades de drogas, los jóvenes reclutados para explotación sexual. Mientras tanto, los que lucran de esos negocios, los empresarios, son la Policía y el poder político.

Aunque es complejo, ¿qué camino habría que transitar para una solución?
Hay dos alternativas. Una es seguir profundizando el rumbo actual, respondiendo a cada nueva "crisis" con medidas parciales y coyunturales. La segunda alternativa para el gobierno es perderle el temor reverencial a la policía y asumir efectivamente su control civil, promover su reforma integral, conjuntamente con el desarrollo de políticas de prevención (sobre todo social) del delito.

Destacado: Enrique Font disertará a las 16, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Su panel se denomina: “Modelos de Seguridad y Código de Faltas. Violencia Institucional. Alternativas no Punitivas”.

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